La mujer invisible
Si fueras invisible salvo para mí,
encomendaría mi suerte a la espera,
a esa concatenación de oscuros cerrojos
que te abocase inevitablemente
al sediento auxilio de mis brazos.
Ahogaría las virtudes de los poseedores
de tanto parche eficaz y certero
contra mis tibios defectos. Aunque
mis virtudes (las que aún me aguanten
desde niño) no podrían mirar
sobre hombros maltrechos. Forcejearía
con tu yerto remedio para la soledad;
recepcionaría tantas preguntas
por ti acumuladas, sin respuesta.
Y cargaría con la culpa de la fortuna.
sábado
domingo
La fuerza del poeta
Quizá parió la novela
mejor bebida y aupada,
sostuvo el templo del verbo
sobre columnas del diario,
teorizó hasta el extremo
de que le odien los párvulos,
colmó su teatro excelso
de seres complementarios...
Quizá fue suya la prosa
sublime y perecedera,
mas por solo versos llanos,
el recuerdo tras su muerte
le llama a secas «poeta».
Mástiles de otoño
Bajo las aceras de la urbe
otoñal se ocultan
filas de barcos enterrados.
Afloran sus mástiles
-árboles-, encimados
por trofeos de ciervos
sin corona de esmeraldas.
Las hojas cómplices cubren
las baldosas y el minúsculo
atisbo entre sus grietas.
Descaminada Venecia, puerto
encallado. Viaje inmóvil
por el mar de las cloacas.
Apología del silencio
Durante el silencio
la próxima palabra dicha
se revaloriza.
Durante el silencio
aún pervive la utopía
que muere en la garganta.
Durante el silencio
la convención de ultrasónicos
confabula contra el humano.
Durante el silencio
las mentes le organizan
la rutina a sus dueños.
Durante el silencio
las pupilas paralelas,
el breve espacio entre labios.
Durante el silencio
el pensamiento amplifica
su dimensión y resultado.
Durante el silencio
el necio engendra su envidia,
los dioses acercan su cielo.
Durante el silencio
los hombres aprenden a morir
-para morir algún día en silencio-.
A la sombra de la encina
Como racimo
tumbada tu sombra.
Los ojos, verticales;
el cielo entre las hojas.
La espiga entre los labios,
las ramas fragmentan
al sol en pedazos.
En la víspera de nada,
semilla encomendada
a la suerte del aire
es tu mente hueca y calma.
sábado
Isabel como vocativo
Isabel, la vez
que al mirarme
a ti te veas,
mírame después
como si un espejo fuera,
mírate en mí
cuantas veces quieras.
Sin tu intuición siquiera,
una parte de mi ser
en recíproca mirada te cedí,
sin exigir devolución,
mas con permiso a trizarla
o tiznarla de hollín.
Reconozco mi egoísmo,
pero he de salvar mi vida.
Y mi vida eres tú,
por lo que te hallo
tan propia, tan mía,
tan mía sin rasgo alguno
de pertenencia.
Por ello, Isabel,
la vez que al mirarme
a ti misma te veas,
cuadremos posesiones,
ajustemos cuentas.
Te prometo duplicar
todas mis preocupaciones,
compartir contigo
hasta donde estimes.
Por mi parte -también tuya-,
sólo me queda invitarte
a instituir un camino
en que sin adjetivos te ame,
con el verbo preciso,
escuchando tus susurros
entre el tumulto del viaje.
El vals de los estorninos
Quisiera sumarme
a esa bandada de estorninos,
oscura veta, tamiz de un cielo
otoñal y alabastrino.
Desapercibido y fulgente,
contribuir a espirales
de virtual y súbita belleza.
Supeditado a quién sabe,
compaginar el cadencioso baile
de un vals meloso y colectivo
con las inflexiones constantes.
Pespuntar el suave tejido del aire,
moldear un ánfora plumada.
Por una vez, poder formar parte
de una masa coordinada.
Ojos de fotografía
Me persiguen.
Angustiosamente serviciales,
más incluso
que mi sueño más redondo.
Me persiguen,
aunque la geografía
de mis huellas
cambie e improvise
por el perímetro mundial.
Me siguen, me persiguen.
Dinámicos e inmóviles,
vivos y quietos,
tus ojos de fotografía
me persiguen,
indelebles y bellos.
domingo
Los enemigos
Sé que aunque mire al frente
y las espaldas me guarde
un escudero de lealtad labrada,
los alfiles diagonales acechan
con el as que mi confianza
da a una especie compartida.
Y si mi barco de papel navega
por el estanque de los peces blancos,
le bordeará una flota de guerra.
Mientras los lobos humanos de Hobbes
aúllen traición y balas camufladas,
no existen los sueños despiertos,
sino la imaginación.
sábado
El río
Pasajero en la armadía,
hasta tomar la mar al abordaje,
la cotidiana prórroga de los días
sobrará para exprimir el viaje.
Y desfilar río abajo, devorando
el paisaje. Para evitar el naufragio,
aligerar peso, desprenderse poco a poco
de innecesario equipaje. Y seguir
adelante sin dudar ni hacer caso
a la perversa tentación de los afluentes.
Y surcar los puentes. Y perseguir los trazos
del final, perfilar las aristas recias
de la personalidad. Y descubrir y aprender,
desvelar los enigmas de la vida y el río
sin más vértigo que saber asumirlos.
E interpretar a Moisés en la cesta,
pero sin las manos salvadoras.
Y tras la musculatura del tiempo
y la fisonomía del espacio, saludar
sin complejos a la mar desde el estuario.
«Sevilla para herir»
En el palio azul del firmamento,
un sol arqueado sobre tu río se mece,
como si fuera el décimo puente.
Y si estuviera el universo
delimitado por paredes,
éstas se estrecharían, Sevilla,
para abrazarte y quererte.
Tu luz, tan exclusiva y propia
cual pincel radiante de Sorolla,
despunta en trianeros patios,
se entretiene por Santa Cruz
y descansa con la vigilia
en farolas de San Bernardo.
Tu torre, con su hilvan áureo,
envuelve a la voz que llama al toro
agrietando un singular silencio,
como voz del capataz en la madrugá,
cuando tus calles son caminos del cielo.
viernes
El palo del paraguas
Solo un palo de paraguas,
desabrigado y desabrido, sin telas.
Sus varillas indefensas
se desmoronan pusilánimes.
El oportuno aguacero se lucra
de la desnudez desvalida,
a merced de la saña otoñal.
Solo un palo de paraguas
no detendrá el pasaje despejado
por el que avanza el miedo.
Le invadirá el caos meditado,
como pánico antediluviano,
como último aliento
ante el paredón borroso.
Solo un palo de paraguas,
incapaz de esquivar tantas hojas
que abandonan el árbol
y se travisten de dardos
invisibles. Nosotros,
con reloj invertido,
batallón de pendencia
perdida antes de la lucha.
Glosario para ti
Sol: espejo fúlgido de tu existencia clara.
Fuego: propiedad imputable al tacto en tus labios.
Tierra: cielo tangible al percibir tus pisadas.
Mar: cuando no estás, mi amerizaje hospitalario.
Luna: testigo presidencial de nuestros actos.
Aire: contorno acólito que ronda tu cuerpo.
Nieve: hojas de otoño lustradas tras tu paso.
Viento: esmero motriz en tus rubios cabellos.
Lluvia: heraldos del cielo que van a tu cara.
Tormenta: tu pestañeo engendrando mi euforia.
Río: vagón fluvial que con tus días avanza.
Niebla: enredo de Venus para ser tu sosias.
domingo
Metapoesía
En el remanso herido de la gloria,
en el resquicio clandestino de la luz de luna,
airados de caudal fino y sensible
convidan a versos desde la celosía.
Versos, versos, versos,
líneas sencillas de márgenes anchos,
rincones cóncavos y sutiles,
átomos de lo literario.
A cambio, la gélida vehemencia
y la ovación del manco.
Poeta, que el equipaje olvidas
en cada posada de la senda,
de trajín autista y reposo de centinela;
presientes que otra época
distinta al cieno de estos días
guardaría contigo mayor correspondencia.
Poeta, que aún bordeas el gran arco ruinoso
en la ciudad victoriosa de penas.
Tu tiempo es la lluvia;
y tu esencia, una barca atrapada
entre el océano y la tormenta.
Poeta, poeta, poeta,
el sumidero de Atlántida
has de idear cada día
para que el arma de la poesía emerja.
Soneto a Morante
Para capricho de musas sus muñecas presta.
En vergel de primavera convierte el albero;
animada estatua, de trapo largo, bajo y lento.
Cada pase es verso; y la faena, poema.
El río y Morante, el Baratillo y la Puebla.
Las tablas se tornan en periferia del cielo,
la cultura adquiere las dimensiones del ruedo.
Con valor y garbo se cruza al compás de Nerva.
Muestra perfecta cadencia, sublime armonía.
Los tendidos agitan pañuelos de jazmín,
la intimidad divulga frente a Epifanía.
El toro y Morante, traje sangre y azabache,
solemne lienzo barroco que es preso de abril.
Vigía de selecto destacamento de arte.
sábado
Las manos de tu cuerpo
Tan cerca
tus manos,
ese cofre de monedas ancestrales
hallado por los piratas de la infancia.
Tus manos,
tan bellas que si tu cara tapasen
de ti igualmente me habría enamorado.
Tus manos,
con las ramas circundadas de anillos,
riesgo de haber regalado
tu futuro a alguien que no soy yo.
Tus manos.
Me gustan tus manos
porque encierran verdad
y a tu cerebro obedecen,
y saben sin ruido decir libertad.
Y me gustan tus manos
porque sobre tu cuerpo tienen
entera potestad.
Tus manos,
tan propias de deslizarse
sobre allegro de piano.
Tus manos
cada mañana temprano
ejercen de cuenco y lago,
y de cascada más tarde,
cuando el agua cae tras estrellarse
contra tu rostro claro.
Tus manos,
de brazos infinitamente extensibles
cuando al abismo más profundo caigo.
viernes
El hombre primordial
Quien aspira a lo utópico
tropieza con el mérito
de la dificultad.
Quien sueña el infinito
fortalece sus sueños
y prolonga su alcance.
Profesor de historia
Con escasas lecciones impartidas,
los alumnos sabrán
qué hacían los abuelos
del profesor de historia
allá por el 36.
Y saber de Isabel...
Isabel, ruborizando al imaginario
de conspicuas bellezas del ayer.
Y saber que tantos y tantos poemarios
clandestinos hablarán de ti, Isabel.
Babel, escenario de arquitecturas
que no alcanzarán tus pies,
pues remotos siglos de hermosura
resumidos se hallan por tu piel.
domingo
Sin querer te pienso
Mis ojos absortos, abiertos y ausentes
piensan en ti,
proyectan tu rostro
sobre cualquier pared inconsciente
que no recordaré al volver en mí.
Palabras al mar
Cuando nuestros mundos se entremezclen
con múltiples ciudades,
el azar tras las esquinas
no será suficiente.
Nuestras luces de radar
desdeñarán su coincidencia,
jamás podré encontrarte.
Lanzaré mi botella al mar
y, en su interior,
tanta estéril palabra de amor
que no llegaste a escuchar.
miércoles
Triste compañera
Te veo llorar
perdida entre el saucedo,
una réplica de mar
se deshace
entre orillas de tus párpados.
Superviviente merecido soy
al diluvio adverso
que repele
cuanto no es amor.
Blancos ángeles para Isabel
Quizás debiera dar propina
a los blancos ángeles
que tu semblante custodian
y cercan de flores fabricadas de aire.
Ojalá que sus alas aguanten
el oxidado envite del tiempo.
Tu sonrisa cóncava y alegre,
desde su cénit amaina y desciende
-suave y relajada- hasta suspenderse
en la expresión sublime,
adherida a horas pesadas y densas
que surca un vuelo de cisne.
Se asemeja entonces tu cara
al embeleso que delata
a adolescente enamorada,
distraída, casi ausente.
El Sol calienta pausados mares de la tarde,
y va menguando el mundo
poco a poco, de modo tan inapreciable,
hasta adquirir el tamaño de tu rostro.
Retórica para mujer
Y mientras tanto...,
tus párpados se desvanecen
y se rehacen,
como vuelo de querube incandescente.
Y tus pupilas calmadas,
incapaces de posarse
sobre la luz solar de la tarde.
Y tus círculos verdes,
enmarcados en el blanquísimo óvalo,
propician el derrumbe del Sol
hacia el último horizonte sin noche.
Y cada renacimiento lunar
acentúa la futilidad de mi ansia.
Y mi perseverancia enamorada
-perenne siempre y soñando todavías-
aguarda en tu sístole escarpada
y espera. Mientras tanto, espera,
¡y tanta espera mientras...!
domingo
Tarde de invierno
La curva del día llega
testaruda y reservada.
Gotas al cristal pegadas
y colegiales que esperan
en el porche de la escuela
de sus padres la llegada.
Los maniquíes se muestran
que de costumbre más pálidos
y los limoneros mustios
de una calle fría y céntrica
como bosque gris se cierran.
La sombra del caminante
se dobla en oscuros charcos,
las golondrinas se amparan
entre antenas y tejados.
Y la tarde se comprime
entre los ojos de un gato.
Las tres primas
La abuela sube la intermitente escalera
y le invade en la cima la luz entera.
Su cuerpo, lóbrego candil, epicentro
para el séquito de parientes y vecinas
que comparten su lamento en la salita.
En el desván de la casa, al que se trepa
tras cruzar un patio con pozo y parra,
las tres primas, cada una con diez años,
respectivas hijas de tres hermanas,
estrenan negros vestidos largos
y un llanto virginal y doloroso
al haber descubierto a la muerte amarga.
Mujer envuelta en cielo
Si una mujer desnuda duerme en la casa,
son las paredes su vestimenta.
Y aunque esa mujer al jardín vestida salga,
continuará desnuda debajo de sus prendas.
Quizá la mujer desnuda corra libre por el prado,
será el cielo su ropaje,
un manto de aura azulado
envolverá su cuerpo como traje.
Piano del casino
En domingos eventuales,
el sonido de albedrío desbocado
del piano del casino
se fundía con las voces impotentes
de un regente desbordado
-de pronta cólera y angosto aguante-
y al rutinario silencio acostumbrado.
Un pequeño almirante
en el convite de su comunión primera
desafinó entre las risas de sus tías y abuelas.
Un veterano jugador de dominó
que cambió un buen día
sus estudios musicales por la legión
entonó altivo una desaliñada melodía.
Una joven inglesa, rubia, frágil e insulsa
-hija de un jefe de empresa-
entró en ataque de alergia
al expandirse el polvo que poblaba las teclas.
viernes
21 de diciembre
En la blanca ciudadela,
los niños arrancan botones
al vestido de sus madres
para que el muñeco de nieve vea
e imponen la ayuna al conejo
para que el muñeco de nieve huela.
En imanes familiares
las chimeneas se tornan.
Y ella se fue al mar,
sola a la casa, a la casa sola.
La imagino..., paseará
con sombrero por la aurora,
preguntará por su labor
a cualquier mariscadora.
A mediodía leerá
sentada ante la ventana,
y tras comer saldrá
a caminar por la playa.
Su pelo será viento ondulado;
sus manos, reloj de arena.
Ocaso de otoño, otoño de ocaso,
caerá la tarde
y el sol podrá mirarse
sin miedo, fijamente,
como se mira al villano
en su lecho de muerte.
Y volverá a la ciudad,
la mar quedará sola.
En la oscura navidad
añorará el susurrar
de las lejanas olas.
domingo
Complejo humano de rebasar a la edad propia
Fuimos muy niños,
orgullosos decíamos
«ya soy un niño grande»
ensalzando dedos como años.
Adolescentes fuimos luego,
nos creíamos adultos
o más sabios que ellos,
a pesar de imitarles.
Más tarde, la consagración adulta,
de menosprecio a la experiencia
y miedo a un espejo
visto más viejo de lo cierto.
Y al final fuimos viejos,
viejos con la cabeza
volando hacia la muerte,
edad cuarta y ulterior a la vejez.
Rueda de muerte
La desnudez carnívora por muerte
exhibirá éstos vivos huesos
en la remota era pendiente.
Por el curso de ajenos tiempos,
generaciones de hoy serán
protocolo de arqueólogos,
exhibición en urnas
por los museos alineadas
como eslabón de historia humana.
Morirán más y más sujetos
-cada vez más lejos del origen primordial-,
nos reemplazarán sus restos
mientras nos vamos diluyendo,
se revalorizarán nuestros huesos
para el sujeto insospechado.
Y manantiales habrá diferentes,
enturbiarán las aguas centurias,
mas seguirá habiendo fuentes.
Sobremesa en el cortijo
La siesta apacigua al viejo.
Los niños lloran empacho.
El padre se asoma al patio.
La madre quiere silencio.
viernes
Espacio compartido
Cuando estás,
florece futuro entre altivez
y, propiamente esquivo,
me rindo cuentas por el pasado.
Y preparo en cuarentena
al amor que vendrá.
Cuando estás,
todo es comparar:
con mi ayer y anteayer,
con mañana y con mi lecho de muerte.
Cuando estás,
cada gota anónima de lluvia
se torna en trébol verde y transparente,
y quiero borrar lo vivido,
lo que viviré si vivo,
y ensanchar estos días.
Cuando estás,
es el cielo tu sombrero;
el camino, tus zapatos.
Cuando estás y cruzas caminando,
los árboles se inclinan obtusos,
y el sol va fundando espejos
por las calles donde pasas
y pisas con vocación sísmica.
La antesala interrogante del amor
Hay un texto oral con llave de amor
que no nos atrevemos a decirnos.
No importa quién es primero en parirlo,
sino que haya primero y, sobre todo,
segundo en decirlo.
Eso sí, hay que tratar de no emitirlo
de modo simultáneo,
pues los amagos tímidos y torpes
harían fértil tanto amor de cabecera.
Hay que decirlo, sólo hay que decirlo,
sin intermedios ni intermediarios. Decirlo.
¿Lo dices tú o lo hago yo?,
nos decimos sin decirlo.
Ya nos vale del paso lento que adoptamos
desde vernos hasta cruzarnos,
de tantas tardes frente al espejo
modulando voz y corrigiendo gestos,
de saber de memoria un discurso
que acaba diciendo "te quiero".
jueves
Plural de dos
Merece la alegría
que un plural tan lastimado
resista, aun a sabiendas
que entre discurso y monólogo
dista solo una butaca
que puede plegarse al menor bostezo.
El problema de ser dos
es la fragilidad de la masa;
si uno desiste
y decide volver a singular,
el otro habrá de contentarse
con condición idéntica.
Cabrá sólo entonces alivio
por la vía de otro amor forzado,
víctima inocente, injusta e inexacta
de la aplicación desaplicada
que de Talión haremos.
lunes
Recolector de toallas tiradas
El recolector de toallas tiradas
sobrevuela con alas de fénix
e inmutable y verde mirada.
Desde el vacío intenta saltar
hasta el ático del rascacielos.
Reparador de septiembres,
combatiente de ocasos,
bandera blanca desconoce.
A la rusa ruleta juega a diario
con pistola que dispara flores.
Aunque el mundo parezca circular,
con certeza sabe que es ovalado.
Solo piensa en vivir, vivir
y pedir no más a la vida,
y ser tan solo un muerto feliz.
sábado
Nocturno estío sevillano
Por el sereno estío
de una noche de soles ocultos
con descaro asoma placidez sosegada,
el deseo sublime del cometa y las parejas,
de monedas a fuentes lanzadas
cual martín pescador sin alas.
Un escorzo inédito fosforesce en comisuras
de labios que estallan en sonrisa virgen.
Y la diadema de una niña sevillana
refleja impasible la estrella
que los dos amantes en la torre
creen esclava de su complicidad enamorada.
Sueño del nocturno estío y de amor
impulsado al polvo inmenso del firmamento.
Luna gigantesca, amores de mimbre.
Explosionan lindes de lo amado,
inútil queda la llave del paraíso.
Una plaga reconfortante se extiende
por la ciudad diáfana de auras celestes,
mágica noche de guirnaldas y lumbre.
Luna gigantesca en la tribuna del cielo,
que se proyecta en dos ojos morenos de fémina
que entre dos cielos más bajos pasea:
mediatriz perfecta del puente trianero.
jueves
Blanca Luna, nevada Tierra
Despacio nieva en la Luna,
como entre el cristal íntimo
de una bola de nieve
que agita un niño,
donde los copos se balancean
serenos, levitan casi eternos.
Se equipara la vida a agua helada
que se resiste a tocar
la tierra de negros presagios
que la borrará despacio.
Las vidas de nieve temen
morir al traspasar
la superficie terrestre,
la blanca Luna está gélida.
Nieva despacio, despacio nieva.
También hoy nieva en la Tierra,
en las tierras de un viejo mendigo.
Y veo a un hombre en la Luna,
no quiero seguirlo de cerca.
Más cerca hay vidas derretidas
antes de estar bajo tierra.
Y la nieve acaba fundida
por el ardor que el suelo
desprende hacia ella.
La nueva España
Dadme una España sin españoles
ni pasado,
sin la grieta del golpe seco,
con voluntad para reinventarse
y blanda arcilla en los dedos.
Acerca de la distancia
Esa extraña vocación
del segmento que los dos formamos
por devorar su longitud
y estrecharse...,
y fundirnos poco a poco en un punto,
en abrazo, madeja enredada
con principio insondable...
Y superar la opacidad de la distancia,
de nuevo violín y rosas;
volver a la ducha compartida,
de vaho y dos nombres en los azulejos.
Delicada mudez deliciosa
entre cada mirada,
el doble de espacio ocupado en el espejo,
los domingos longevos...
viernes
Rueda de muerte (II)
"Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz" (José Martí)
Obrará proezas el humano
que respira en estos días
bajo el común palio del cielo.
Habrá testigos: motivo de esfuerzo,
mas morirán los testigos
y nadie dará ya fe de tu talento.
Nada conmoverá tu discurso
en cultura a la derecha del futuro.
No busques aire en el fondo del mar,
toda perennidad es mentira.
Te será insuficiente la heroicidad.
Asume la longitud del universo,
de la propia historia de la humanidad,
lo efímero de nuestro recuerdo,
todos los que aún vendrán,
el fin de los cerebros...
Te clasificarán como parte de una era,
nadie te recordará,
y será como si no hubieses estado
en esta recóndita vida
cuyo mayor misterio es ella misma.
lunes
Rayo de sangre
De pronto un rayo de sangre
invadió la tarde
y ensució el albero de grana.
Los abanicos apagaron su aire
tapando los ojos de niño y dama.
Caballo esbelto y azabache,
con nombre de torero
que hace años murió en España.
Todos los tendidos se hicieron sombra
bajo un sol de angustia y diecisiete horas.
La muerte negra y corniveleta
abrió un caudal sangriento,
el rejoneador inconsolable
lloró solo en medio del ruedo.
martes
Ensayos de muerte
Y aún nos sorprende
el choque de los cuerpos con la muerte,
como bofetadas de mar hambriento a rompeolas.
Y al fin comparece con su infinita certeza infalible,
y nos miramos aún, desprovistos de armadura.
Desprevenidos nos agarra, ridículos,
tras la rutinaria sucesión de ensayos en la noche,
cuando los puntos de fuga absorben tanto color marchito.
Réplica de muerte es cada noche dormida,
sueños de negra rosa bajo la blanca Luna.
Entre alborada y ocaso hay un ejemplar de vida
que la noche, arquetipo de muerte, destroza.
Y aunque dormir nos prepara para partir,
aún nos sorprende y fascina;
principiantes somos ante la luz última
y el definitivo puente hacia las ruinas.
lunes
Suicidio
Cada suicidio propicia
que el corro de miles de millones de hombres
se mire seguro entre sí,
como si tratase de ocultar algo
-como padre a párvulo tras muerte del abuelo-,
con ganas de entierro rápido
e impropio de ser humano.
Cuando los cuervos acuden en solidaridad,
por prestar favor y sin voluntad propia,
el corro de miles de millones de hombres
esconde la inmensidad de un fracaso,
fracaso que también les pertenece.
miércoles
Cine de verano
La película acabó y marcharon todos.
Y allí estamos los dos, solos,
temperaturas confines del corazón,
con luz escasa en el cine de verano.
Ella quedó dormida, y no seré yo
quien le separe de Morfeo.
Y la examino, adoro y deseo...
Paraíso isósceles entre sus ojos
y el cielo, azules vértices inmensos.
Palpita el verso grabado en párpados
de María, presumida cuando duerme.
Sus pestañas se agitan leves, delatando
sueños, tiemblan y se conmueven
cual cervatillo que nace e intenta sostenerse
en la fragilidad de patas vírgenes.
Y contemplo su rostro, su perfil exacto.
Quizás deba atreverme a confesar mi amor,
culpable de la amplitud entre mis pulsaciones.
Mientras reposa, estudio sus rasgos faciales
y juego a adivinar las caras de sus padres.
Cuando despierte, seré Ícaro volando
hacia un sol de incertidumbre con forma de mujer.
Sobrio casino cabalmente ebrio
Anónimos héroes castizos
que sujetan la barra del bar.
Intrahistorias ausentes en libros,
manual de cada sociedad.
Por el tablero albiazul de ajedrez,
desfile de rostros rosados
inmersos en la embriaguez.
Son reyes no coronados.
Matemáticas en el dominó,
cadente murmullo humeado,
blasfemias en nombre de Dios
por algún vaso estallado.
Es el sobrio casino de ebrios
península unida a la realidad,
cuartel previo al cementerio,
sanatorio de la capital.
domingo
Pueblo a mitad de año
Paredes de perfil trémulo
y oasis embaldosado.
El sol sesgado de la tarde
incendia un magenta ocaso.
Y una huerta cenital
de estrellas aluza el lago.
Los niños de luna llena,
inquietos y desvelados
por el lejano coro
de los perros enjaulados.
Desarboladas golondrinas
Parece como si el cielo
fuera a estallar sobre -y entre- nuestros hombros;
este cielo, color de golondrinas disecadas,
al que almas en pena miran
cuando sus ojos por el suelo no se arrastran.
Parece como si el cielo,
cautivo, fuera a sí mismo a derrotarse.
Y sus nubes púrpuras parecen
genio evacuado de lámpara.
Con las tijeras abiertas desciende
Átropos, para mimar a la parca.
Las malintencionadas golondrinas
parecen desarboladas,
deambulan de catedral a camposanto.
Y al final parece
que todo era solo esto:
una indefensa figura que su sombra estiraba
sobre la calle triangular
y se hacía más pequeña a cada paso,
hasta perderse tras un punto
del atestado horizonte delineado.
lunes
sábado
La luz primera en la ventana
Que me despierte un calor en los labios
y un tacto de cielo sobre mi pecho,
una respiración arrítmica e inclemente,
un desenfrenado aliento cálido.
Que el aleatorio rumbo de unas manos
me desvele, que se desvistan mis ojos
y que los tuyos me cedan su virtud,
asunción perfecta del amor en la mañana.
Que toda parquedad se aparque,
y que acampen simiente y sierpe
bajo serpentinas de fiesta privada.
El amor no es concepto abstracto, el amor es ella.
martes
Incógnita estelar (I)
¿Acaso es que son las estrellas
astillas del suelo de un Dios,
quebradas baldosas de piedra
que ceden ante la omisión?
¿Acaso es que son las estrellas
luciérnagas hembras en celo,
la acción de secuoyas perversas
que raspan lo negro del cielo?
¿Acaso es que son las estrellas,
tras nunca rasgar viva carne,
las flechas de viejas contiendas
que siguen eternas su viaje?
¿Acaso es que son las estrellas
las hojas dejando el cerezo,
destrozos de vil ventolera,
que en lunas se vuelven reflejos?
viernes
Incógnita estelar (II)
¿Qué será de las estrellas
ausentes de ojos en firmamento?
¿Será permeable el espacio
a la lluvia que enciende el limpio cielo?
¿Perderán su belleza los astros
al pisar su inimaginable suelo?
¿Cuánto aguantará la aurora
el visible anhelo del lucero?
miércoles
Mi corazón parado
No llegaré a ver mi corazón parado,
la quietud gélida de mis párpados,
mis venas como estanque de sangre;
mi cerebro, de otoño, copa de árbol.
No llegaré a ver mi nueva vecindad,
enjambre de nichos blanqueados;
las flores sin lazo a dos de noviembre
en mi nueva fecha de cumpleaños.
No llegaré a ver su llanto en mi fontana,
sombría y seca entre el jardín pardo;
mi ajeno nombre en sus frescas bocas,
mi cruz, mi olvido y mis ojos volados.
jueves
Flor caduca y fruto seco
La inmortalidad es sustantivo propio
en calle donde la gente apenas pasa,
terminología del taxista y su oficio,
diminuta letra imperceptible en mapa.
La inmortalidad es bostezo de niño
en las clases matinales,
agobiadas tardes de adolescente
para aprobar turbio examen.
La inmortalidad son negruzcas palomas
alimentadas por migajas
que, tras digestión, defecan
sobre la marmórea estatua.
La inmortalidad es recuerdo erosionado
por los albores pertinaces,
meros conceptos en mentes
borradas el día que yacen.
La inmortalidad es excursión de ancianos
que se aburren en museo
y desean salir cuanto antes
para ligar entre ellos.
La inmortalidad es una tumba
similar a la de un paria,
un ramo triste de flores
que a bisnietos ya el llanto no arranca.
miércoles
En tu ombligo
Eres frasco de monte,
fracaso de poeta,
tachados versos furtivos,
matiz de horizonte,
cénit de belleza.
El sitio donde yo vivo
está entre el mar y la sierra,
donde verdean los olivos
y antes entra la primavera.
Es un lugar tranquilo
para escribirte "el poema",
pero es que yo no consigo
trazar la primera letra.
¡Y eso que es gran tesoro
gozar de esta magna lengua
de Cervantes Saavedra,
los Machado y Goytisolo...!,
mas pienso que faltan letras
con asta, ojal u hombro
inspirados en verdes selvas
para acertar con tus ojos,
tus mejillas de cereza,
tus guedejas descosidas,
tu esencia de nardo y nácar,
tu ilusión de Nochevieja...
Tú, mi musa estropeada,
eres mi más blanco poema.
sábado
Soneto de aquel joven soldado
Agreste bosque apagado,
doliente llorera amarga,
soledad acurrucada
bajo copa gris de árbol.
Está el fusil descargado
ante sí. ¡sórdida alma!
Febriles tumbas de España
¡Ay país de desengaños!
¡Ay fueron más de mil días!
Cada una de las noches
la luna cerco traía!
La juventud se hizo vieja
en cada bala del bosque.
Sus nombres nadie recuerda.
viernes
El puente invisible
Cada paso
es puente invisible,
¡camina!
En la frontera,
lanza bumerán
y que él te cuente...
Camino,
alborada de puentes.
Puentes hay
por el camino.
Y sus ríos verdes,
como, verde, el camino.
Invisible puente,
voz de amigo.
Fresca mirada constante,
los puentes más grandes
de amor usan ladrillo.
Puente silente
o de certero palabrerío,
puente de cambio y presente.
Invisibles puentes
a cada paso del camino.
La alternativa
No es posible vuelta atrás,
realidad al fin se hizo el sueño.
Entre amarillas rosas
se quitó el sombrero
como quien entra a una fiesta,
la montera en sus dedos
tras capote artista y torero.
De padrino, aquel matador
al que vio tantas tardes de niño
en Las Ventas con su abuelo,
hoy emocionado desde su localidad
en el tendido célico. Testigos,
el triunfador de Sevilla
y un impávido sol madrileño.
Y la mano baja, unida al albero
por muleta de sangre. A veces,
¡qué bajo está el cielo!
Naturales de ensayo y arte,
retales de viejos maestros.
Expresionismo de escuela,
bombea y late hasta el acero.
Por sus ojos la belleza
desfila de jabonero,
con candiles encendidos
que alumbran tarde de gloria
y años de buen toreo.
Abuelos y hombres
Los abuelos son padres elevados al cuadrado
y los hombres son Adán
a tan alto exponente elevado,
que nuestra mente
no acierta a descifrar el resultado.
Yo tuve abuelos. De madre,
yo llegando y él marchando.
No alcancé a conocerle -miento-,
como si de largos años
con él hubiera conversado le conozco,
pues su hija me ha hablado
de rincones de su viaje...,
fui yo ciego en este caso.
De padre, aunque su hijo me ha contado,
veinte años me bastaron
para tomarlo como espejo.
Y cuando mis piernas tiemblan
por la duda, miro el anillo de mi mano
que fue suyo siempre antes
y me convierto en gigante
como ahora lo he intentado.
Amor 19:30h.
Tanto, tanto, tanto...
Tanto y tanto suman tanto,
que tanto, tanto, tanto,
es sumamente tanto,
que tanto, tanto y tanto
son todo.
sábado
Enero del 59
Nacía el año y agonizaba la década,
en mes que vio a Martí venir
al mundo y, en el vigésimo siglo,
al mundo vio ir hacia él,
cuando Cuba fueron sus hombres.
Y aunque la mar les rodeaba,
rodearon a la muerte,
a la historia y su palabra.
Y los cristales quebraron
por su voz rotunda y clara.
Y su garganta resistió
a pesar de estar cercada
por la mano del gigante
de pecho negro y cara blanca,
quien apretaba insaciable
en busca de callarla, asfixiarla
y enterrarla en hondo valle,
en la América más bárbara.
Y Ernesto, Fidel, el pueblo,
tantos seres, tantas almas,
murieron, morirán...
Pero en la historia humanitaria,
escrito con letras anchas,
quedará el nombre de Cuba
cabalgando tras Guevara.
martes
Caballito de mar
Caballito de mar,
tiovivo submarino
de vaivén erguido
entre algas del mar.
Trompetista en la corte,
clave de sol, cursiva
y minúscula efe,
ojos de camaleón.
domingo
Madrid, 7:00 - 9:00 a.m.
La mañana acude clara,
el sol de largos brazos extendidos
trepa los muros de la ciudad
y perfora la condescendencia
de persianas imperfectas.
Es el diario tropiezo del alba.
Millones de piezas esparcidas
y un puzzle de asfalto desierto.
El tráfico es como reloj de arena
que llena el vacío con el tiempo.
Peones de ricos doblan la espalda,
peatones ricos con guardaespaldas;
vecinos del barrio temen
que se detenga la ambulancia
ante el bloque del anciano frágil.
Se apelotonan en fila taxis
y, ante escuelas, la verde infancia.
Con parados de mustia holganza
y moscas en desayuno desnudo,
el bar se despereza.
En la iglesia, lenguas en ayuno
buscan el cielo de sus bocas.
Y en el parque, las palomas alteran
la silueta de una estatua;
huérfanos los árboles, sus hojas
cambiarán como el semáforo
en sucesivos episodios matinales...
Y Madrid avanzará imparable.
sábado
Aporía de los pájaros
Pájaro súbito de rama ardiente,
de aturdido vuelo en la corriente,
elegante y despeinado
por la negra lluvia intermitente.
En la noche, el arco iris parpadea,
la luna argentada sale
entre arrebol dorado que se abre,
telón a pájaros y estrellas.
Sus alas cándidas revolotean,
viajes breves de imberbe ave,
torbellino de azucenas.
Hasta que nazca la aurora,
volará el pájaro errante
ajeno a las sombras.
Casa deshabitada
Blanco viejo y desconchado,
confección de telarañas
desde la bombilla rota
a la madera negra del tejado.
Entre las baldosas,
maleducadas hierbas;
un batallón de hormigas
hacia la hondura del rincón pasea.
Deshabitada caerá
la casa del siglo anciano.
Los abuelos, muertos;
los hijos marchan a la ciudad.
¡Ay refugio de almas súbitas!,
caparazón del caminar.
Las entrañas del mundo.
Las minas bucean por mi sangre,
espiral paraje carmesí,
escalera circular de minerales
pardos, cárdenos, rubís;
arquetipo de albores,
paradigma de estos lares.
Cruz de fuego, Santa Bárbara,
por cada alma de minero habitada.
Anidaron arcanas plantas
generaciones confines de la comarca,
donde la muerte es frágil
y el Río Tinto viaja.
Cabalgan nubes púrpuras
por el desfiladero yermo
de escorrentía sucia.
Tierra de ferrocarriles,
cuyos vagones negros cargan
pirita, cobre y piedras de una infancia.
El rey Salomón: precipitado y afligido,
estas minas sí que están junto al cielo.
Futuro con horizonte guerrero,
aunque este se presente oscuro.
Y en la historia sigue picando el minero.
Sweet home, turista
Como pedante anhelo de estudiante
por manejar en sus apuntes
todas las palabras por el profesor dictadas,
siempre, siempre en hojas aseadas,
es el extranjero en turística visita.
Fotografía a diestro y siniestro,
en tumbas de siniestros diestros
se inmortaliza, con traje de luces
y luces de obturador y su gobierno.
Severa histeria al llegar a un monumento.
Retrata lo absurdo, insólito o fractal;
se autorretrata, mejor si hay agua detrás.
Dispara. Dispara. Dispara fotografías
y no disfruta del viaje, de la estancia...
Solo le fascina pensar en su hogar,
que tras la escapada vibrante
las fotos rezumadas podrá contemplar.
Presumirá junto a vecinos de lo bien que lo pasó
y guardará las instantáneas en cajón de raro uso.
Y algún otro día aleatorio las volverá a rescatar,
revivirá el olor de España en primavera,
y aquella cámara, ¡qué buena era!
Presumirá como el niño con apuntes,
Oh, sweet home!, pero aún queda estudiar.
A Olivenza y su mujer
Olivenza, en la frontera
de Portugal y mis días;
al morir la primavera,
tu enviada cruzó mi vida.
Viajes rojos de autocar
Comienza el trayecto hacia mi localidad.
Como siempre ocurre, el autocar abandona la ciudad
y me encuentra sentado tras tu silueta de esponja.
Aprovecho el resquicio entre los asientos
para recrearme con tu perfil perfecto de cristal.
Los kilómetros vuelan y atrás quedan las poblaciones.
Al acercarse tu destino empiezo a padecer
en lontananza el vértigo por desaprender
tus translucientes episodios pasionales.
Y mis pulsaciones vuelven a su ritmo habitual.
Pensaré en el siguiente viaje, que me hallará otra vez
tras el sillón de tu sonrisa cómplice.
jueves
El invernar de Punta Umbría.
Escarcha en la cruz de hierro
de remota tumba;
por la oquedad de avenidas
vagabundo viento deambula
como presagio de aguacero.
Turbidez en el fanal,
farolas rotas y rotas ramas
del bulevar desnudo y abisal.
Puñales trémulos, virtuales lanzas;
catarro de estorninos,
señero palo de paraguas.
A quemarropa el invierno
de satén fantasmagórico
y telas de toldo rasgadas.
viernes
La estación trémula
Llevo todo el día en la estación
y sólo sé que hoy regresarás a la ciudad,
aunque desconozco tu procedencia.
Y es por ello por lo que ando
como un niño en la búsqueda de sus padres
al perderlos entre la inmensidad del tumulto humano.
Es lunes por la tarde, aún resta tanta semana...,
y tantos años restan...
Los trenes penetran tan de repente en el lugar...,
los he inspeccionado todos, y únicamente
puedo dar fe del carácter variopinto de las personas.
Es el preludio incierto
a cientochenta grados resplandecientes
o a obras de ampliación del túnel de mi viaje,
por donde no pasó tu tren.
Tan solo espero encontrarte,
pues es tan remota la ciudad
que no salir unidos de esta estación sería el fin.
domingo
Poetas en el camino
Camino abajo, los poetas,
hacia horizonte en que convergen
ambas líneas de la senda.
Descalzos, sin herraduras,
cabalgando los poetas.
Van por tierra suntuosa
sin el anhelo cosmonáutico
de explorar el espacio,
pues aún desconocen
alguna calle del barrio.
A la actriz más bella
Oh tú mi actriz predilecta,
morena y española,
tallada en el teatro,
cual centella por el cine.
Oh belleza de otro tiempo,
brillan tus ojos
como crestas de olas
en tarde y playa de agosto.
Oh de memoria conozco
el guión de tus amados
en dramas de nudo intenso,
donde eras el arte redundante
del arte séptimo.
Oh mujer artista y sugerente,
te admiro desde mi butaca,
doncella tan enorme
cabe solo en gran pantalla.
sábado
Poema de Abril
Dentro del cuarto suena la lluvia
como reconfortante aplauso
en majestuoso teatro.
La habitación reposa oscura,
y Madrid y yo descansamos
armoniosos y aún despiertos.
Sobrevuela el instante
en que acabaremos dormidos
sin percatarnos. Y así será también
el sueño último e irrecordable.
Descalzo y con pies fríos,
un edredón me arropa como búnker
superviviente a un posible armagedón.
Enciendo la lámpara de la mesilla
y de un cajón extraigo aquella foto de carnet
en que reías con marfil blanco
e iris verde metalizado, olivo y caramelo,
verde suelo pulido de inmenso palacio
de princesa. Y vuelves a perderte
junto a imágenes de santos, postales y cartas
Mañana es sábado,
tendré tiempo en su mañana
para pensar cómo será tu rostro
cuando han pasado diez años.
lunes
Pretérito presente
Cual gato araña el pasado
y aún no ha trizado vida.
Y no existirá pasado
mientras traigan estos días
nuboso recuerdo infausto,
monotema en mentidero
de paredes derribadas.
Y lo agrava el largo viento,
portador de las desgracias.
Y hoy por ello tal vez es
más pasado que vigente,
aunque la suerte de hogaño
se haga amiga de un presente
que pueda palpitar libre
-ya vestido de pasado-
en el tiempo futurible.
miércoles
Poema urgente para África.
La franja de Sahel se ensancha
en la África en que nacen muertes
y bebés al vacío descienden
por los parisinos cuervos
que en vuelos descuidan a niños,
se miran las alas negras
y el pañal sueltan al recordar
que se ha descosido el disfraz
que les convertía en cigüeña.
Y la piel oscura espera
vencer su tímida estampa,
pues clama ella a voces
y nadie le aguarda.
La sangre descabalgada
tal vez no es tan llamativa
al bajar la epidermis bruna
que no resalta el drama
que trasnocha y madruga
en cronotopo de África.
viernes
Jardín de infancia.
Recuerdo alegre,
crujían joviales las verdes hojas
al percutirlas mis uñas de niño.
Y aquella rosa amarilla
-adornada con frescas gotas
irisadas por sol complaciente-
que mis abuelos cortaban
antes de verla yo podrida
y emprender sollozo fiero.
Recuerdo el vacío tiesto de estiércol
relleno de semillas morenas
coleccionadas con ilusión infinita.
Y mi celeste balón llamado pelota,
perdido en la densidad de enredaderas.
E intentar cazar mariposas
de rosados vuelos
entre el azul perfecto y bello
y mis despiertos ojos aupados.
Recuerdo mi rostro entre ondas
al asomarme al limpio pozo
y lanzar una rosa
con gran violencia poética hasta el fondo.
Lágrimas que arañan.
Tengo estremecidas las mejillas
con tanta lágrima fallida
que dejó mis ojos húmedos
y seco el suelo de las desoladas horas.
Sé de sentidas lágrimas que nunca cayeron
por mi dignidad de hombre
triste pero erguido, y que, herido,
no quiso y no supo, o quizás no pudo,
derramar el llanto que duele
en lo más hondo del indefenso pecho.
Y ahora, el papel mojado, arrugado;
estoy llorando en silencio
con el raciocinio en el sentimiento
y el orgullo que exige plañir callado.
Convite de musas.
Andar con papel blanco
y tinta usable entre las manos
esperando la inspiración de caprichos
como una madre aguarda el parto.
Un niño trae bajo el brazo un poema;
poemas por doquier hacen al niño hombre,
hombre con esencia de niño eterno.
La inspiración no avisa,
abraza con ramas de magia sutil
cada neurona que ansía
el dormir del pensador,
pensador que se ilusiona
y confía en los instantes
de genio e ingenio, ensueño
y gracia. Y maravilla.
jueves
Granadas putrefactas.
Hoy mece un anhelo de madre
la cuna que un día fue suya
con una muñeca de harapos
que anoche robó a su sobrina
en silente riesgo apagado.
Sus manos de medio siglo
reposan sobre el baldío vientre:
víctima de carestías, la guerra
y del marido la muerte.
Son tiempos de árida lluvia,
granadas putrefactas,
llantos frente a la cuna
y sucia agua estancada.
Hoy el valle quedó yerto
y el desierto engalanado,
trae distorsiones la nana
de los niños olvidados,
diabólico arrullo de Hera y Afrodita.
El pasado aventura futuro solitario,
óbito en habitación de hospital vacía.
Ha llegado el climaterio
con el drama de una madre
atrapada por garras gélidas del tiempo.
Es la vana víspera de nunca y nada,
de pulcritud en el babero,
biberón con telarañas
y perenne desconsuelo.
viernes
Horizonte de mar
Caminos de tierra firme
sienten huellas de herradura,
mas son malditos caminos,
caminos que el mar no cruzan.
Y al llegar al mar se asoman
caritas de andar cansadas,
y el mar de espejo responde:
«¡Sois agua fugaz que pasa!»
Las olas son negros ángeles,
gusanos marinos danzan.
Se impregnan de sal los cuerpos
que las corrientes arrastran.
Recuerdo de espuma blanca,
gaviotas de torpes vuelos.
El aria más triste bailan
horizonte, mar y cielo.
miércoles
Las vidas de Nemrod.
Cual designio de Nemrod,
el horizonte ondulado,
el frágil amanecer.
Cabalga libre el caballo
negro del destierro último
hacia el castillo púrpura.
Certidumbre en el nacer
por la suerte, que es la muerte,
y que es la eclipsada luna
por fauces e inmensas alas
del insomne y vespertino
cuervo de amarillos ojos,
pálpito triste de almas.
Almas vagan entre vírgenes
de guedejas calcinadas
que ardieron junto al laurel.
Desfiladero afilado
por jirones de la hiel,
donde salivan las hienas.
Por resquicios entre rocas
se mezcla la sangre humana
con la lava de la tierra.
Nubes y sombras
Ociosa nube de sombras,
tan cerca del sentimiento;
camaleón de siluetas
proyectadas al terreno.
Como espectro vagabundo
acaricia cumbres altas
y se adentra en anchos mares
con umbría abandonada
Sosiega de luz atisbos,
emana penumbra errante
que combate y burla al astro
de rayo laxo y brillante.
La nada es al ser mortal
lo que la nube es al agua,
el nacimiento y la muerte,
la presencia dulce y ardua.
sábado
Romance del hombre yerto
Ya se viene tan callando
todo un campo de violetas,
la alborada de cipreses,
las nevadas arboledas.
Doblan rectas las campanas;
negras doblan, doblan negras.
Queda solo el huerto fresco,
se marchó tu andar de aldea
tras el vértice del viaje.
Aún quedaban en la senda
tramos verdes, verdes, verdes.
¡Capciosa vida risueña!
En prehistoria del futuro
tu cuerpo yermo se trueca.
Cantarán las golondrinas
las penas que son eternas.
Contrapoesía
¿Quién le hablará a los ciegos
del verde del limonar,
de las playas irisadas
de un ramo de rosas blancas?
¡Seguro me entenderá
si le hablo del amor,
de la piel y de su olor,
de la fría soledad!
¿Quién le hablará a los ciegos
del dorado del trigal,
del albor bermejo y grana,
de rayadas esmeraldas?
¡Seguro te entenderá
si le hablas del dolor,
de la guerra y su fragor,
del silencio que vendrá!
viernes
Diente de leche
Dientes de leche, padres;
padres, dientes de leche.
Brota el blanco marfil,
primer bastión nutriente,
brega el roedor mágico
en noche de su muerte.
Feroz dentina adulta
-matrimonio, noviazgo-
a ascendientes expolia
el migratorio vástago,
mordedor de manzanas
que sus padres lavaron.
Padres, padres que son
como dientes de leche
que al surgir la pasión
a sus retoños pierden;
y amores que equivalen
a los adultos dientes.
Frente al abismo del león
Angosto pasaje tácito,
alfombra al león hambriento.
Llegará al hombre de púrpura
el estrecho día lento.
Recto halla el rey la luz,
tu luz ya tenue e inerte.
Exacerbado erotismo.
Desde hambre a hombre: muerte
Estás con retrato blanco,
espejo negro y fin cerca.
Lugar cerrado y común,
un león a ti se acerca...
lunes
Crepúsculo azul
Renacerás tras el azul
como una luz que yace
yerta entre las hojas.
Es la era del crepúsculo
y del recuerdo la hora,
caracol y cangrejo usurpan
un tiempo lento y contrario.
Sublime amor juvenil
fuiste en las tardes de Mayo
en las que te conocí.
Y de azul ví tus ojos zarcos.
Y tus rombos carmín.
Y de funesto añil, el ocaso
desde el que hoy te releí.
Azul, ardiente azul
ruboriza al blanco pálido
de futuro amarillento y empolvado.
Y te recordaré,
te recordaré de azul
como hoy te he recordado,
junto a un cuaderno acabado
y un bolígrafo azul.
viernes
La noche anónima
¿Qué estará ocurriendo ahora
-mientras pensamos lo urbano-
en la noche de los bosques,
de los valles, de los prados?
¿Qué estará ocurriendo ahora
en el violento acantilado,
la inmensidad de los mares,
la profundidad del lago?
¿Qué estará ocurriendo ahora
del camino a ambos lados,
en parvo paso del hombre,
en el terreno ignorado?
¿Qué estará ocurriendo ahora,
cuando acontece lo humano,
en la esencia del planeta
que pervivirá al marcharnos?
martes
Playa del sur
Descalzo tu ser,
paseas por la arena mojada
en contra del viento firme
que erosiona tus penas rutinarias.
Tú me recordarás por siempre
que el sol luce más bello
en el invierno y sus cielos
que en el estío previsible,
por eso estás ahí.
Paseas por la orilla
cavando huellas con tus pasos;
fugaces huellas serán,
pues se borrarán rápido
como si no hubieses estado
hoy presente en la playa.
Al frente, una guitarra
se oculta tras las manos
de una nuca plateada.
A tu espalda, carcajea franco
un proyecto de muchacha
que al aire fresco ensalza
un cometa planeando.
Suma de muertos
Agua turbia, pellejo y huesos.
Tal vez fueran rostros tersos,
mas se instaló la cruel guerra
en el pensar del trago de vino.
Y vino oculta tras un atlas
la aciaga y última guerra,
volando sin rama de olivo.
La sangre absorbió la tierra,
el tiempo borró sus nombres.
Será que el tiempo es olvido
y el olvido es el final.
Y continuaron su curso otros ríos,
aún muy vivos para ignorar
que la cruz de esta suma parda
no es la que hacían de críos
en el estrado y la pizarra.
viernes
Parque de los príncipes
En el Parque de los príncipes,
diminutos uniformes
y ropas del rastro
se mueven fugaces
impulsados por los años,
pocos pero intensos;
tersos son sus comentarios
de chispeante inocencia.
Herencia en sus rostros
de la belleza de sus madres
y la firmeza paterna.
En el Parque de los príncipes,
meriendas a media tarde
nutrirán con sus migajas
a las palomas, palomas blancas
de paz, que se fusionan
con la estampa de un niño
que resbala por el tobogán
como baja una barca el río Nilo,
como pende de un hilo
que se rasgue la infancia
al llegar con su elegancia
el amor y el dolor, creadores
de un color de piel más rancia,
asesinos de mejillas rosadas,
asesinos de la infancia.
Dama de noche
Catástrofe al amanecer.
El precoz alba incendiario
porta el viento frío
que raspa la piel
como herrumbrosas cuchillas
en el aleatorio vuelo
que alienta el desaliento.
El gallo cantará
como todas las mañanas,
pero esta es especial;
su voz no se oirá
ni desvelará a nadie,
mas no importa nada.
El seco albor y el denso aire
preludio dieron al grito animal.
Y preludio dieron
al seco albor y al denso aire
las golondrinas sabias
que, entre agobiantes pálpitos,
chirriaron noctámbulas,
como el estruendo de las uñas
que arañan la pared anciana.
Y la aurora quedó atrapada.
Una tórtola raquítica
por el cuarto deambulaba.
La pareja imperfecta
se despertó de repente
con golpes en la puerta metálica.
Tras horas largas de dormido abrazo,
la despierta llamada de otro cliente
alejó para siempre sus manos.
Inmaculada sonrisa
Y ella está presente.
Mi sonrisa se perpetúa
de modo involuntario
como el pestañeo,
como su pestañeo
abanicando este
sueño de verano.
Preguntas a la Luna
¿Por qué será que tus pasos
tienen eco en los bosques?
¿Por qué será que tu sombra
oscurece estas noches?
¿Por qué será todo ruido
lo ajeno a tu garganta?
¿Por qué será insondable
lo que tus labios palpan?
¿Por qué será que el amor
que hoy incierto se asoma
me deja como rival
soledad ladradora?
Nos pasa tanta muerte por las manos
(con la irreductible colaboración del gran Borja de Diego)
Como los hombres
cuando fabrican ataúdes,
como el castor
que ignora la tormenta
y roe la madera
del ataúd o los árboles.
La acción certera de los gusanos
conduce a humanos biodegradables
que despejan el ataúd
para la visita del castor.
Niño con pantalón corto
La ilusión de un niño ingenuo
es el cénit del vivir,
guarda un llanto puro y crédulo,
luce el brillo de un delfín.
Pueril mirada de asombro
en días de eternidad.
Niños con pantalón corto
corren a la libertad.
Sábanas blancas al aire,
balcones hartos de luz,
madres e hijos en bailes,
sonrisas vienen del sur.
Expresionismo confeso
duerme en dibujos de cera.
Cera en las bolas de abril
de la Santa primavera.
Gentileza filantrópica
Atento, detente,
déjales pasar.
Son la buena gente,
se percibe en su mirar.
Como luz de madrugada
en tu camino están
y estarán también presentes
cuando se acerque el final.
Míralos ahí tan callados,
contienen sabiduría,
sonríen con tanto encanto
que contagian simpatía.
Bien saben que los amas,
más casi que a ti,
pues también ellos te aman
por el hecho de vivir.
Cuando se enojen, escucha,
muchas tesis arderán
entre dos prismas de padre.
Aprende, escucha,
absorbe, entiende.
¡Escuchaste! Aprenderás...
Carta del emigrante treintañero
Quizá sea porque allí está el primer aire que respiró,
porque allí nacieron sus primeros besos,
sus primeros versos, y los últimos también.
Y no le tengas en cuenta las veces
que habló de ti sin que estuvieras presente,
las veces que sus voces retrataron lo mal
que te sentó el paso del tiempo, las veces
que soñó con perder de vista a tu gente.
El viaje le llevó hasta aquí, hasta
el lugar opaco desde el que no puedo verte.
Y como un dolor de oído en la larga madrugada,
le duele no poder ver a tus niños correr
a la salida del colegio, ni ver sus miradas,
que le recordarán al ayer, a sus padres,
sus viejos amigos y eternos camaradas.
Oasis bajo el arco iris
Un deseo es que los prados
de arco iris perpetuo gocen.
Confluirán agua y lumbre,
brotarán risueñas flores.
Y algún niño siempre habrá
que el arco iris tocar intente.
Pasará buscona vida
en la utopía del tacto inerte.
Y quedarán las palabras
Y quedarán las palabras,
y tú ya habrás marchado
despacio al inexistente espacio
que habitaste antes de nacer.
Y la nada regresará de un trance
surgido entre matronas,
emprenderá su venganza con la vida
y reanudará su eterno viaje.
Y tú, que entonaste un réquiem
por cada palabra dicha,
no verás en tu difunta misa
cómo las palabras vivas
en tu honor recitan un réquiem.
Y la muerte vendrá otra vez,
tiznada de un blanco oriental
y adherida a la conocida nada
que habitaste antes de nacer.
Y quedarán las palabras
mientras vagas por la nada.
Y tú ya habrás marchado,
y quedarán las palabras.
jueves
Divisa de los cuervos áureos
Áureos cuervos, gaviotas en la mar,
quebrantahuesos, infectos sesos;
divisa del mal, banqueros erectos.
La parca rasa a selectos opulentos.
Cielo gris, gris barca, gris creso.
Fueron tronco de árbol recio,
ahora son impuestos de papel.
Tú, papel por sistema impuesto,
deudor serás hasta caer.
Espectros recobran sus cuerpos
para pagar cada letra del féretro,
una vez al mes y puntualmente.
Esquivan ver por camposanto
al cobrador del frac silbando.
¿Qué podría chismar la gente?
Desiertos, montañas de arena.
¡Quién pudiera cambiar
dorados átomos de la tierra
por monedas de rubio metal.
Pillaje, ave volandera de rapiña;
urracas de amarillo plumaje.
Con cepillo de púas de acero
se peina lo abundante. ¡Caballero,
poderoso don es el dinero...!
Versos de amor, un señor, quince primaveras y un otoño
Podrá crear supremos versos,
versos geniales, grandiosos, inmensos.
Pero odiarán sus versos incomprensibles;
hoy que el amor se torna tan adverso,
versos imposibles, imposibles besos.
Besos heridos de muerte,
muertos sesos por pensar en quererle;
obseso por tenerle, obseso.
Pequeña gigante radiante,
el peso de intentar amarle
no es medible en tales versos.
Converso de mujeres errantes
a un amor de amor intenso.
Hacia su tierna caminante
de tres lustros van los versos.
Versos imposibles, imposibles besos.
Progenitores vesánicos arden,
iglesias en rezo por su deceso.
Ser humano, ser constante
para dar vida a sus versos.
Versos de amor, versos en balde.
Versos imposibles, imposibles versos.
lunes
Romance de la Guerra Civil
Candente historia lejana:
hombre contra hombre, muerte;
nuestra España en sus entrañas
gran enfermedad padece.
Tanques, estanques de sangre...
silencioso estruendo hiere,
golpes arrítmicos son,
pues el corazón escuece
por las asfixiantes lágrimas.
Dos banderas, gente, gente,
un futuro con ideas
alojado tras las frentes.
Frentes en civil contienda,
humanos miran, aprenden;
balas sufren ansiedad,
un mensaje permanece,
violetas rojas anhelan,
la guerra alcanza su cierre.
Calendarios deshojados,
cicatriz el tiempo ofrece
mientras los viejos recuerdos
nos dan golpes en las sienes.
Nietos contra nietos pugnan,
esta guerra aún no duerme.
Habitantes de Trepizonda
Odio a todos los que odian
mi inútil poesía,
porque ese odio es la forma
de poder odiarme a mí.
No son ejecutores del sano oficio
de a la cara hablar,
más bien hipocresía errante
que sonriente oficia la maldad.
Jamás fui engreído, creído,
ni quisiera serlo,
pues me faltaron motivos,
me sobraron desconsuelos.
Habitantes de Trepizonda,
licenciados ya en paritorio,
sin dentadura capaz de devorar
manzana que borre su odio.
Río por tus lágrimas tristes
Lloran mis lágrimas por las tuyas,
es tu alegría tamaño mal agüero.
Mi vieja dueña, tu suerte es mi odio,
ni pizca complaciente para ti quiero.
Que se desalen tus ojos, pero de pena;
que tu rostro se destiña como condena.
Condena ya sufre mi alma,
te marchaste una fría e inerte mañana.
Indiferencia siento por tus pasos,
curiosidad por tu luz en el radar,
emergencia, urgencia por tu abrazo.
Por mi mente viaja tu viejo mirar.
El fuego incapaz de quemarme,
ya me calcinó tu frescura.
Las lágrimas rebosaron mi estanque,
estancado en mil amarguras.
Imagínate...
Imagínate nacer de ancianos
y gatear ante la última escalera.
Días finales de inconsciencia y llanto,
asumido horizonte, juventud postrera...
Imagínate viajar con la cabeza tapada
y reconocernos por descubiertos pies,
superar la mentira de una mirada,
percibir las marcas del camino en la piel...
Imagínate a un poeta sin hablar del amor,
enviando cartas desde el paraíso,
creyendo haber hallado la perfección,
endeudado con el hombre por olvido...
Imagínate un planeta sin clases,
mendigos confusos frente al espejo,
utopías esclavas del desfase,
evolución completa del cerebro...
Imagínate una existencia sin muerte,
todos los besos dejados para mañana,
como queda un regalo el seis de enero
en el seno de una familia adinerada...
Gira la fiesta
¿Adónde van con esas caretas?
Andan sin prisa, hoy no hay prisa,
esbozan con esfuerzo vigiladas sonrisas.
Divisados divisan desde aquella caseta.
¿Por qué del disfraz hoy han abusado?
Desnudos los hallaba el ocaso a diario.
Y tantos números tachados del calendario…
Esta noche la hipocresía les ha retratado.
¿Por qué todos se ocultan de la noria?
¿Por qué los que allá subieron han caído?
Aunque unos deambulan en el mismo sentido,
son muchos a contracorriente de la noria.
¿A qué viene ese tibio rostro de felicidad?
Bailan con ebria música descompasada,
esconden que la orquesta esté desafinada…
Abrupta chispa aparentan con falsedad.
¿Hasta cuándo podrán seguir fingiendo?
Ya todos conocen el drama de la primavera
y que la luz de estos días no será duradera.
La realidad invernal no les verá sonriendo.
Soneto a Elizabeth
Elizabeth, aquí tan de repente...
Vuelven ociosos rostros estivales
imantados por los lazos de sangre.
Y hay dos nuevos ojos entre la gente.
Recónditas miradas me devuelves.
Y te vuelves, te giras a intrigarme,
a acecharme... Y ya solo quiero amarte
y en tus largas pestañas detenerme.
Mi golondrina de otoño, ¡responde!
Antes de que toquen suelo las hojas
tú ya habrás emigrado hacia el norte.
Volaste, gabacha; yo, sin consuelo.
Cavilando grité con risa floja:
¡para verte ya queda un día menos!
El bello surrealismo de aquel unicornio
Esta noche al fin soñé con un unicornio.
Ya no tendré que rezar antes de dormir
en mis eternas madrugadas de insomnio,
ni recordarte, ni oler tu aroma a jazmín.
Se presentó junto a mí -justo dentro de ti-
tras una brisa de color fuego profundo,
con piel leche miel, sutil candil de marfil
y crines como tus bellos cabellos rubicundos.
Había una pradera clara de anaranjadas hojas,
un arco iris bajo, un arroyo de agua rosada
y un melocotonero que brillaba en su aurora,
donde los pájaros de terciopelo cantaban.
Anoche fabulé con el unicornio añorado.
Los gritos del pasado me desvelaron de momento
para recordar así el dulce sueño dorado,
enclaustraudo en la guardia del pensamiento.
Hace horas pude haber soñado otra cosa:
con mariposas, un blanco cisne o contigo.
Las dudas del unicornio me trajeron tu aroma.
Hace horas dudo haber estado aquí dormido.
Sentidos sentidos
Encerrado en un baúl oscuro
entre aromas y flores olorosas,
sentidos en luchas de orgullo.
El olfato colorea visuales fosas.
Acabaron los oídos desgarrados,
merodean gusanos por sinfonías.
Se advierten solo labios callados
donde antes emanaban melodías.
Pintores que anhelan sabor
se nutren de frutas a granel.
El paladar inerte acabó,
al gusto reemplazó el pincel.
Los sueños durmieron las manos,
que creen estrujar hormigas.
En la funesta misa del tacto,
miradas en lugar de caricias.
Depresiva la nariz cayó,
olores desterrados de la vida.
La colonia de amor que regaló
solo cicatrizará las heridas.
Acuarelas (I)
Cuando camino por mi casa
lo hago con cautela
para que las hormiguitas
no sean pisadas por mi suela.
He levantado un muro
pero no le he echado mezcla,
así, cuando tenga prisa,
no tendré que usar la puerta.
He llorado por mi vida
lágrimas de alcohol muy puro,
el borracho de la esquina
me seguía con un cubo.
Esnifé bastante harina,
fue por equivocación,
así que con la cocaína
he frito un boquerón.
Los tanques dejaron la guerra,
se tornaron pacifistas.
Reivindican hoy sus castas
adentrados en la tasca.
Con las tijeras he cortado
un folio inerme de papel.
Me golpeó un vil eucalipto
y ahora al fin yo me vengué.
En mi deseo de hallar el amor
ya no buscaba la alegría,
sino la fuente de inspiración
que me sugiriera poesías.
sábado
Acuarelas (II)
Legiones de ovejas por mi mente,
anhelo onírico oculto tras la frente.
Una lanuda tropezó y murió,
aquella noche soñé una inhumación.
Allá jamás contemplo mi rostro,
nunca salgo entre mis sueños,
aunque -¡vaya paradoja!-
de vosotros soy el dueño.
Atraqué a un camión cisterna
porque tenía sobrada sed,
y a los peces de mi barrio
les convidé a beber .
He construído un tejado
para tener techo en la vida.
Las tejas se desplomaron,
mis ilusiones son ruinas.
Compré una farola, la luz se fue.
Nada alumbra, pero adorna.
¡La luz viaja rápido,
tardará poco en volver!
Los sapos en sus charcas
mostraron malestar,
sus cañas les robaron
y las mandaron al bar.
Mis visitas al psicólogo cesaron,
ya no creo en psicologías.
Cuando quiero vomitar penas
ahora escribo poesías.